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	<title>Nuria Martínez-Carrasco Guzmán</title>
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	<title>Nuria Martínez-Carrasco Guzmán</title>
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		<title>El reto del marketing  para el escritor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Aug 2025 15:47:10 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Vida de escritor]]></category>
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					<description><![CDATA[Creo que iniciarse en el mundo de la escritura en pleno siglo XXI tiene sus ventajas indudables: puedes usar ordenador, puedes vender tus libros a todo el planeta y puedes hacerte publicidad en internet en igualdad de condiciones que el más pudiente y afamado de los escritores que actúa respaldado &#8230;]]></description>
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<p>Creo que iniciarse en el mundo de la escritura en pleno siglo XXI tiene sus ventajas indudables: puedes usar ordenador, puedes vender tus libros a todo el planeta y puedes hacerte publicidad en internet en igualdad de condiciones que el más pudiente y afamado de los escritores que actúa respaldado por una gran editorial.</p>



<p>Pero también creo que tiene serios inconvenientes, que son precisamente el hecho de que, al facilitar las herramientas para llegar a cualquier lector, todos los escritores pueden hacer lo mismo, y la competencia es brutal. Es una selva, no os podéis imaginar. Así que no queda más remedio que lanzarse a la ingrata tarea de hacerse publicidad para conseguir que alguien te vea. Y a mí esto del <em>marketing</em> (o mercadeo, como lo llama la RAE, lo cual da una imagen más clara de la realidad) me da un pudor tremendo. Es que no me veo, en serio. Y cuando veo cómo se publicitan los demás, lo paso igual de mal, ay&#8230;</p>



<p>Porque somos como tenderos en un mercadillo, sin intención de faltar a los tenderos de mercadillo, pero es que para todo hay que valer en este mundo, y yo para eso no valgo, me falta cara. No soy capaz de ponerme a vociferar «compra mi libro, compra mi libro» porque me siento mal. </p>



<p>Pero claro, qué remedio, algo hay que hacer. En esta era superdigitalizada (&#8230;espialidosa) no hay más <em>tutía</em> que darse a conocer, y cada uno hacemos lo que podemos, con mayor o menor acierto.  </p>



<p>Me vienen estas reflexiones a raíz de la nueva página de Facebook, donde, no nos engañemos, me siguen cuatro gatos, y todos ellos los tenía ya como contactos en <em>mi facebook</em> personal, así que <em>para qué</em>, me pregunto. Para qué ese redoble de esfuerzos, si lo único que voy a conseguir es atosigar más a mis pobres y sufridos amigos, de los cuales, ya me han leído los que querían hacerlo, y a los demás corro el riesgo de espantarlos con la maniobra. Para qué, de verdad, en serio, jolines (sí, yo soy <em>muy así</em>, uso tacos de abuela o de comic, según me pille). </p>



<p>Y entonces me da por pensar: «¿Vamos a ver, Nuria, tú cómo eliges libro cuando buscas algo nuevo que leer?» Pues yo, básicamente, busco dentro del género que me gusta, y cuando ya estoy metida en el percal, busco un título que me resulte sugerente, una portada que me llame, una sinopsis que me deje con ganas de más. Y luego, cuando estoy en el mundo de carne y hueso, cojo el libro y me leo la primera página, a ver si me invita a seguir, y si me pilla en el mundo virtual (bendito Kindle), me leo el fragmento que Amazon tiene a bien facilitarnos. Y ya está, no hay más. Bueno, sí, como toda la vida, las recomendaciones de lectores afines a mí tienen mucho peso en mis elecciones, y a veces también me guío por el puro instinto, sin un motivo, sólo cogiendo un libro que ande a la deriva por mi casa y que de pronto se me antoje leer.</p>



<p>Así funciono yo, y me atrevería a decir que la inmensa mayoría de lectores, lo que me lleva a la siguiente conclusión: para qué <em>ajs!!flañ#ksjf</em> (narices) sirve estar haciendo vídeos en Instagram, poniendo fotos del libro en todas partes, contando con pelos y señales mi día a día, dando la matraca en las redes sociales, si a la gente lo único que le importa es que escribas algo que le apetezca leer. ¡Y eso es <em>taaaan</em> difícil de controlar&#8230;!</p>



<p>No es casual que todos los escritores de éxito que son entrevistados digan que no tienen ni la más remota idea de por qué un libro (<em>su libro</em>) tiene éxito. Todos coinciden en afirmar que lo único que puedes hacer es trabajar a conciencia para crear <em>un producto</em> bien hecho, del que te sientas orgulloso/a y esperar a que guste. No hay más. </p>



<p>Cierto es que cuanta más gente te conozca, más probabilidades hay de que el lector te dé una oportunidad, y para eso, las redes sociales ayudan, salvo que tengas menos alcance que el tirachinas de un niño, como me pasa a mí, en cuyo caso, tu sufrida y reducida audiencia puede acabar huyendo de ti. </p>



<p>Así que me debato entre dedicarle más tiempo y esfuerzos a la promoción o pasar del todo, como acabo haciendo cuando transcurren unas semanas de esfuerzo infructuoso. Porque yo tampoco sé por qué he tenido la suerte de que lectores desconocidos confíen en mí y me lean. Se habrán alineado los astros, no sé, y el día que vagaban por Amazon huérfanos de lectura se toparon con una de mis novelas y saltó la chispa. Y confiaron en mí. Y me leyeron. Me recomendaron. Afirmaron incluso que me volverían a leer. Y yo, que leo esas reseñas en la intimidad de mi hogar, cuando nadie me ve, me emociono cuando alguien que no conozco de nada me da las gracias por haberle hecho pasar un ratito feliz y haberle arrancado una sonrisa. Igual que sufro cuando veo que me valoran con dureza sin siquiera exponer los motivos, *sólo porque sí (sí, lo he tildado a conciencia). Pero bueno, son las piedras de las que está hecho el camino a la meta, y mi meta es seguir escribiendo y poder vivir de esto algún día.</p>



<p>Gracias a quienes me apoyáis, conocidos o no, amigos incondicionales o lectores anónimos. Gracias por elegirme y por seguir ahí. Espero que esta relación bidireccional dure muchos años y me pueda jubilar siendo una escritora viejita de las de bici y pelo cano (ya llevo ese camino) y escritorio añejo. Trabajaré duro para que así sea, para crear historias que inviten a evadirse. Es todo lo que está en mi mano hacer. </p>



<p>Y creo que me voy a tomar con calma las redes sociales y voy a concentrar mis esfuerzos en trabajar la última novela, que esta vez va a ser una historia de ésas de misterio <em>cozy</em>, sin perder esa esencia de historias con encanto y personajes entrañables que tanto me gusta escribir, y confío en que a vosotros leer. </p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>«Habemus» página de Facebook</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Aug 2025 08:53:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[Pues eso, amigos y amigas: tengo nueva página de Facebook, para quien prefiera seguirme por ahí. Se llama igual que este blog, «Nuria MC Guzmán», y creo que es una forma más ágil de tener contenido actualizado y regular, porque quien más, quien menos todos tenemos Facebook, y nos resulta &#8230;]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="618" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2025/08/Cabecera-Facebook-1024x618.jpg" alt="" class="wp-image-534" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2025/08/Cabecera-Facebook-1024x618.jpg 1024w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2025/08/Cabecera-Facebook-300x181.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2025/08/Cabecera-Facebook-768x464.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2025/08/Cabecera-Facebook-458x277.jpg 458w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2025/08/Cabecera-Facebook.jpg 1214w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Pues eso, amigos y amigas: tengo nueva página de Facebook, para quien prefiera seguirme por ahí. Se llama igual que este blog, «Nuria MC Guzmán», y creo que es una forma más ágil de tener contenido actualizado y regular, porque quien más, quien menos todos tenemos Facebook, y nos resulta más fácil e inmediato participar en cualquier publicación.</p>



<p>Yo empecé con esto de los blogs en 2008, cuando no existían las redes sociales, o apenas se usaban, así que viví su época dorada, pero actualmente me temo que prima más la inmediatez de otras herramientas, como Instagram, Tik Tok, X, YouTube o Facebook. En Instagram ya tengo un perfil desde hace tiempo, pero confieso que lo encuentro un medio un poco incompatible con la promoción de la escritura. La gente no entra en esa red social para leer grandes parrafadas, sino para ver vídeos e imágenes, y cuanto más cortos y rápidos, mejor. En cambio, creo que YouTube y Facebook se prestan más a la recreación pausada, al relax, a la reflexión. Y desde luego, yo busco lectores que no se asusten ante una lectura de más de un párrafo. </p>



<p>Total, que aunque tengo intención de seguir actualizando por aquí, de momento me estoy centrando en la comunidad de Facebook, que ahí por lo menos nos vemos las caras y podemos hablar en tiempo real, y además podemos compartir contenido en ambas direcciones. Eso hace que esta relación sea un poquito más cercana, ¿verdad? </p>



<p>¡Os espero por allí! <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/16.0.1/72x72/1f609.png" alt="😉" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> </p>
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		<title>El arduo camino al autoconocimiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Apr 2023 19:14:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Vida de escritor]]></category>
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					<description><![CDATA[Soy una persona muy analítica, pero que muuuuy analítica. Lo observo todo, lo desmenuzo y saco conclusiones todo el tiempo. Y, a veces, muchas veces, lo apunto todo en un documento de Word. Y si hay algo que analizo hasta la saciedad es a mí misma. Creo que no es &#8230;]]></description>
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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/04/El-arduo-camino-al-autoconocimiento-instagram.jpg" alt="" class="wp-image-473" width="572" height="572" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/04/El-arduo-camino-al-autoconocimiento-instagram.jpg 944w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/04/El-arduo-camino-al-autoconocimiento-instagram-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/04/El-arduo-camino-al-autoconocimiento-instagram-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/04/El-arduo-camino-al-autoconocimiento-instagram-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/04/El-arduo-camino-al-autoconocimiento-instagram-350x350.jpg 350w" sizes="(max-width: 572px) 100vw, 572px" /></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><strong>Soy una persona muy analítica</strong>, pero que muuuuy analítica. </p>



<p>Lo observo todo, lo desmenuzo y saco conclusiones todo el tiempo. Y, a veces, muchas veces, lo apunto todo en un documento de <em>Word</em>. </p>



<p>Y si hay algo que analizo hasta la saciedad es a mí misma. Creo que no es sano estar todo el día mirándose con lupa, pero no puedo parar, soy así. </p>



<p>A veces me siento como si me observara desde fuera. Como si viera una película. Quizá es que he alcanzado una especie de <em>nivel pro</em> en el insano <strong>ejercicio del autoanálisis</strong>, probablemente como fruto de la ingente cantidad de tiempo de mi vida invertido en ese proceso. No sé, pero da miedo pensarlo. </p>



<p>Lo que tengo claro es que <strong>vivo en la duda perpetua</strong> (qué contradicción: tanta certeza sobre tanta duda). </p>



<p>Me da envidia la gente que sabe lo que quiere ser de mayor desde los cinco años. Yo tenía mis propios proyectos a esa edad, claro que sí, pero no eran realistas, así que me he tenido que ir adaptando a las circunstancias y cambiando en consecuencia. Porque cuando era pequeña, yo quería ser capitán de la Caballería Rusticana, vaya usted a saber qué es eso. Creo que vi demasiadas películas de vaqueros, pero es que soy de los 70 y era lo que había. </p>



<p>El caso es que tuve que buscar opciones más razonables, pero en lugar de dar con algo a temprana edad y quedármelo, he cambiado de idea innumerables veces. </p>



<p>Ahora que ya tengo una edad (o dos), siento que estoy empezando a entrar en una etapa de cierta sabiduría, si la puedo llamar así. Me estoy dando cuenta de que <strong>es imposible saber lo que una quiere ser cuando aún no conoce nada de la vida</strong>. He aprendido que las vocaciones no se pueden buscar de forma analítica deductiva, sino que hay que dejarse sorprender por la vida y <strong>dejar que la vocación te encuentre a ti</strong>. Es más bien un proceso inductivo: te pasas el tiempo probando y descartando, ensayo y error. Sobre el papel surge algo que te parece maravilloso, pero en cuanto lo pruebas, te das cuenta de que eso no va contigo. Y así una y otra vez hasta que das con la tecla. </p>



<p>Para complicar más las cosas, <strong>no somos seres inmutables</strong> que mantienen las mismas características con el pasar de los años, sino que cada una de esas experiencias que vivimos y que descartamos <strong>nos cambian por dentro y nos convierten en alguien diferente</strong>. Eso hace que las premisas que dimos por ciertas en la fase anterior se vuelvan inútiles en la siguiente. </p>



<p>Es para volverse locos. </p>



<p>Visto así, me parece increíble que haya gente que no cambie de idea. Me parece un milagro, en serio. Quizá yo cambio demasiado, y posiblemente exista algún punto medio más saludable, pero, aun así, en este momento de mi vida empiezo a creer que <strong>es mucho más lógico y humano pasarse la vida dudando</strong>. </p>



<p>Porque <strong>la vida es un largo proceso de autodescubrimiento</strong>, es algo que no termina nunca. </p>



<p>No somos productos perfectamente acabados desde la niñez, <strong>somos proyectos</strong> de algo interesante y bueno&#8230; en el mejor de los casos y si sabemos aprovechar las enseñanzas del camino. No estaremos terminados hasta el final, lo cual parece una perogrullada, pero no lo es. </p>



<p>Esta certeza hace que <strong>sea inevitable tener que convivir con cierto grado de incertidumbre durante toda nuestra vida</strong>, así que no hay nadie que tenga todas las respuestas aunque lo parezca. Sencillamente, no es posible. Por eso, lo mejor que podemos hacer es tomar una decisión basándonos en todos los elementos de juicio de que disponemos y echar a rodar. Y confiar en que las cosas se irán ajustando por el camino. </p>



<p><em><strong>Se hace camino al andar</strong></em>, ya lo decía Machado. </p>



<p>Yo creo que ya<strong> me estoy conociendo a mí misma en un grado aceptable</strong>, al menos. Ya sé cómo me gusta vivir, en qué lugares y con qué personas me siento cómoda, cuál es mi dosis justa de extroversión e introversión, cuáles son mis necesidades sociales, en qué tipo de trabajos puedo desarrollar todo mi potencial. </p>



<p>Ahora sé que <strong>no se trata de que hagamos algo sólo porque podemos hacerlo, porque tenemos la capacidad</strong>. Se trata de hacer algo que podemos y de verdad queremos hacer. Todos nosotros contamos con muchas potencialidades, pero no tenemos que dedicarnos a todas ellas necesariamente. Tenemos que hallar nuestro lugar, aquél en el que nos encontramos más cómodos <strong>y nos sentimos más auténticos. </strong></p>



<p>Y ese conocimiento, creo yo, llega cuando ya tenemos cierta madurez, cuando nuestras características alcanzan un mayor grado de estabilidad. Hay algunos privilegiados, personas muy centraditas, que maduran pronto y no necesitan dar tantas vueltas como otros. Cada uno tiene su punto de inflexión y hay que respetarlo. </p>



<p>Se me ocurre que la razón por la que hay tantas personas insatisfechas con su trabajo, sus circunstancias y su vida, en definitiva, es, en parte, porque se tomaron decisiones a largo plazo cuando aún no era el momento. Cuando aún no se conocían suficientemente y todavía estaban en fase de experimentación. Luego, la gente cambia. O, más bien, se encuentra a sí misma. Y entonces, <strong>las decisiones que tomaste cuando no estabas maduro ya no te valen</strong>, pero estás atrapado y es tarde para cambiar. </p>



<p>O da mucho miedo. </p>



<p>Ahora es cuando yo me alegro de haberme sentido <em>en proyecto</em> durante tanto tiempo y <strong>haber aplazado las decisiones irreversibles</strong>. O, al menos, me alegro de que ninguna de mis decisiones me haya hecho sentir que estaba en un punto de no retorno. </p>



<p>Me estoy reconciliando conmigo misma. </p>



<p>Ahora es cuando creo saber quién soy y lo que quiero hacer. Pero claro, conociéndome, es probable que el próximo cambio de opinión me esté acechando a la vuelta de la esquina. </p>



<p>Pero qué más da. <strong>Lo importante en la vida es participar</strong>. </p>



<p></p>



<p> </p>
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		<title>Un empujoncito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Mar 2023 17:06:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vida de escritor]]></category>
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					<description><![CDATA[Elegir la escritura como profesión, aunque sea a nivel aspiracional, requiere una dosis extra de motivación. Es duro. No se me ocurre ningún otro camino profesional que esté plagado de más dudas e inseguridades que éste. Bueno, quizá ser actor o actriz, o modelo, o pintor o querer dedicarse a &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/03/Un-empujoncito.jpg" alt="" class="wp-image-460" width="585" height="585" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/03/Un-empujoncito.jpg 944w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/03/Un-empujoncito-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/03/Un-empujoncito-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/03/Un-empujoncito-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2023/03/Un-empujoncito-350x350.jpg 350w" sizes="(max-width: 585px) 100vw, 585px" /></figure></div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Elegir la escritura como profesión, aunque sea a nivel aspiracional, requiere una dosis extra de motivación. Es duro. </p>



<p>No se me ocurre ningún otro camino profesional que esté plagado de más dudas e inseguridades que éste. Bueno, quizá ser actor o actriz, o modelo, o pintor o querer dedicarse a cualquier oficio con un fuerte componente artístico. </p>



<p>Pero el de escritora es un camino en el que tú misma te saboteas. Para empezar, es lento, muuuuuy lento. Necesitas tener mucha fe en que alcanzarás la meta para no abandonar. Y con la meta no me refiero a que te llegue el éxito o lo que entendemos por él, me refiero al convencimiento de que serás capaz de terminar una novela de la que no te avergüences demasiado. Una novela cuya calidad sea suficiente como para alentarte a mostrarla a los lectores. </p>



<p>Para continuar, y cuando ves cuál es exactamente la realidad de esta profesión, necesitas aún más fe para emprender el proyecto de escribir la segunda. Ya conoces el proceso, ya sabes que cumplir el primer paso no es garantía de nada y ya tienes claro que habrán de pasar muchos años (salvo que tengas una suerte bárbara o escribas algo realmente bueno que llegue a un lector cualificado que decida echarte un cable por puro altruismo) para que esa segunda novela dé su fruto. Y después de esa segunda novela, una tercera, una cuarta y las que tengan que venir. </p>



<p>Una vez leí a un autor que decía que a él le habían dicho que serían necesarias seis novelas malas antes de escribir la buena. Es posible, no lo sé. Aunque yo puntualizaría esa afirmación diciendo «hasta escribir la que de verdad le llegue a una gran masa de lectores», o la que te otorgue el título indiscutible de escritor o escritora profesional, aunque sigas muriéndote de hambre con ello. </p>



<p>La verdad es que no sé si yo tendría paciencia para escribir seis novelas malas. Para empezar, si yo misma creyera que son realmente malas, me retiraría antes, supongo. Y no digo que una deba pensar que ha escrito algo soberbio, o sencillamente bueno, pero sí que creo que necesitas el convencimiento de que has escrito algo decente que no hará que tus padres nieguen en público el parentesco que os une. </p>



<p>Pero volviendo a lo que decía: cuando empiezas en esto, siempre te fijas en las grandes historias de éxito y crees que una novela se va a extender como la pólvora, que te leerá alguien de una gran editorial y que llamarán a tu puerta para ofrecerte un contrato de por vida. A todos nos gusta soñar con cuentos de hadas. Pero cuando ya llevas un tiempo prudencial, te das cuenta de que eso no es así, de que la norma es que un escritor venda poco. Sí, hablo de vender y no me avergüenzo. Si un escritor no vende, no puede mantenerse y no puede seguir escribiendo, así que aparte de querer que te lean, lo legítimo es querer que te compren. Pero, como digo, lo normal es que vendas poco y que no pases de ser una gota en el mar durante mucho tiempo, hasta que un día, al menos consigas una masa estable de lectores suficientes para poder ganarte un sueldecito decente y poder dedicarte a escribir de forma exclusiva.</p>



<p>Esa realidad, que todos sabemos y que asumimos, no deja de ser dura por muy sabida que sea. Y se traduce en un pensamiento saboteador que te ataca casi todos los días. Y todos esos días, te planteas mil cosas más que podrías hacer para lograr la ansiada estabilidad. Cosas más realistas, más razonables, cosas que puedes decir en público sin sonrojarte, porque son profesiones «normales». Pero como dice mi madre, <em>la cabra siempre tira al monte</em>, y tu naturaleza es la que es. Y una vez que hayas metido el pie tímidamente en las aguas de la escritura, te resultará muy difícil pensar en otra cosa, poner tu foco en otra profesión, dejar atrás tus sueños para siempre. </p>



<p>Este proceso lleno de altibajos emocionales lo vivo yo casi cada semana. Mi día a día es una continua lucha por aterrizar de las nubes en las que tiendo a moverme y hacer lo que hace la gente normal. Y no será porque no he dedicado años a formarme en todas las opciones profesionales que se me han ido ocurriendo en los valiosos momentos en que he tocado tierra. Pero nada. Irremediablemente, pasado un tiempo, vuelvo a llenarme de helio y subo a mi hábitat natural. </p>



<p>Y así no se puede, oiga. Así no hay forma de planificar una vida. No hay manera. </p>



<p>Hoy me siento de nuevo en proceso de subida, y estoy tentada de dejar de luchar contra mi naturaleza y abandonarme en los brazos de mi sueño dorado. </p>



<p>Pero necesito un empujoncito. </p>



<p>Necesito un refuerzo mental que me permita abrazar esta profesión como una opción seria de vida. Con todas sus dificultades, de las que soy plenamente consciente, pero con la certeza, ya aprendida, de que si no pongo en ella todos mis esfuerzos, nunca podré salir de este círculo vicioso. </p>



<p>Necesito liberar la mente de todos aquellos otros caminos que no dejo de plantearme y que han demostrado ser un lastre en mi vida. De todas aquellas tentaciones que me susurran al oído que la vida sería más fácil si me rindiera de una vez y me llenara los bolsillos de piedras para no volver a subir; si eligiera un camino más convencional, que no más fácil, porque no hay nada fácil cuando no puedes poner el corazón en ello. </p>



<p>En fin, me he levantado profunda. Ahora es cuando me entran las dudas sobre si debería publicar esto o no. El maldito pudor. Pero los cobardes nunca logran lo que se proponen, así que&#8230; ea, será mejor que pulse el botoncito de publicar. </p>



<p></p>
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		<title>¿La realidad supera a la ficción?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Feb 2023 11:50:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El placer de leer]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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<p>Recientemente he terminado de ver una serie en Netflix que, haciendo honor a su nombre, me ha tenido atrapada desde el primer capítulo: «Trapped» (Atrapados). Esta serie islandesa, ambientada en un pueblo del norte del país, enclavado en medio de un paisaje desolador, cuenta una historia policíaca bastante negra y turbia y la adereza con la sensación de ahogo que produce la meteorología de la zona. </p>



<p>Todo empieza cuando es encontrado un cuerpo descuartizado en la playa (en realidad, sólo el tronco) y nadie tiene idea de quién es la víctima ni de quién ha podido cometer el crimen. El hallazgo coincide con el atraque de un ferry que procede de Dinamarca lleno de forasteros, y con una horrorosa ventisca de nieve que corta todas las comunicaciones. </p>



<p>Yo soy muy <em>happy flower</em> y me van más las historias bonitas y <em>feel good</em>, pero a veces el cuerpo me pide un <em>thriller</em> o una buena dosis de novela negra. Y en este género, los nórdicos son los reyes. </p>



<p>Pero no nos engañemos: la ambientación ayuda mucho. Cualquier horror que te cuenten en medio de tan inhóspito lugar, con un tiempo de mil demonios, un cielo plomizo y apenas cuatro horas de luz solar suena considerablemente más negro de lo que sonaría en la soleada Andalucía, con miles de terrazas llenas de gente alegre y bulliciosa tapeando. </p>



<p>Lo curioso es que los nórdicos están obsesionados con este género literario. De hecho, la mencionada serie está basada en una novela de un autor islandés. Quizá se trate de una trilogía (tan de moda), porque tiene segunda y tercera temporada. En cualquier caso, toda la literatura que viene de ahí arriba tiene esos tintes siniestros. Eso me llevó a pensar que el ambiente cotidiano en cualquiera de estos países tiene que ser irrespirable. Creí que, si hacíamos caso a lo que aprendemos de las historias que ellos mismos nos cuentan, todo el mundo tiene una doble cara y una vida secreta de lo más inquietante. </p>



<p>Vale, vale, lo sé. La ficción no tiene por qué ser fiel a la realidad, pero claro, cuando ves que las novelas están ambientadas en localidades existentes, y que absolutamente todo lo que escriben sobre ellas es siniestro y oscuro, pues inevitablemente piensas que algo de verdad hay ahí. </p>



<p>La sorpresa vino cuando, informándome sobre Islandia, leí que es uno de los países más seguros de Europa y con una tasa de criminalidad más baja. Tanto es así que la policía local no va armada. Qué queréis que os diga, mi mente entró en cortocircuito. ¿Cómo es posible que nos estén exportando una imagen tan terrible de su país si no corresponde ni de lejos a la realidad? Para rematar la faena, yo, que soy una seguidora fiel de Eurovisión (me encanta ver lo diversos que somos en Europa) he visto cómo año tras año, la canción que representa a Islandia es tan oscura y siniestra como lo que se deduce de los libros. </p>



<p>Pero, pero&#8230; ¿entonces?</p>



<p>Mi interés en el asunto viene del hecho de que yo he escrito dos novelas ambientadas en dos lugares reales que conozco bien. Podría haber inventado una ciudad, pero me hacía ilusión compartir con los lectores las bondades de ambos enclaves. Pero confieso que me sentí algo constreñida a la hora de narrar hechos desagradables. Sentí el peso de la responsabilidad sobre mis hombros: ¿Cómo voy a contribuir a dar una imagen negativa de un lugar al que tanto aprecio? ¿Cómo voy a estropear el concepto que los demás podrían tener de él? ¿Cómo voy a crear una leyenda urbana que perjudique a una comunidad de personas reales? Uff, no podría. </p>



<p>Por eso me sorprende tanto que los nórdicos, y los islandeses para ser más exactos, hayan pasado olímpicamente de esos remilgos. Teniendo en cuenta que se está hablando de una población real, inventar hechos tan terribles puede afectar y mucho a la idea que los espectadores ajenos a ella se hagan del lugar. De hecho, así es. Hasta el punto de que yo no estoy muy segura de quién nos está contando la verdad. </p>



<p>Yo creo que si a mí se me ocurriera embarrar de ese modo el lugar en el que vivo con hechos inventados, mis vecinos me lincharían. Me sorprende que los nórdicos acepten de tan buen grado que una y otra vez se muestre una imagen tan turbia de su tierra. Y eso me lleva nuevamente a pensar que algo de verdad tiene que haber. O quizá todos son tan aficionados a la novela negra negrísima que disfrutan con ello aun si todo es ficción. Pero si todos disfrutan tanto, ¿no habrá algo de cierto en la idea de que sus habitantes tienen un lado muy oscuro? </p>



<p>En fin, esto es como dilucidar si fue primero la gallina o el huevo. </p>



<p>Lo interesante del asunto es que existe la creencia general de que la literatura refleja la identidad de una época y lugar determinados, pero a juzgar por lo visto en este caso concreto, no tiene por qué ser así, y quizá la literatura sólo refleja el gusto de la gente de una época y lugar determinados. </p>



<p>Por tanto, podemos deducir que los escritores se limitan a plasmar su propio gusto, y, más que escribir sobre la realidad, escriben sobre su particular visión de ella, que en unos casos da como resultado una imagen edulcorada e idílica y, en otros, un abismo de negrura y depravación. Como diría mi madre: «ni tanto ni tan calvo». </p>



<p>A partir de ahora, tendré que coger con pinzas lo que crea aprender de la ambientación de mis lecturas. Ni la Inglaterra de Jane Austen fue tan glamurosa y chispeante, ni la de Charles Dickens tan miserable, o quizá sólo son dos caras de la misma novela y una visión muy parcial de la misma realidad. </p>



<p>De todos modos, quiero seguir imaginando los pueblecitos de Italia como remansos de paz y buena armonía en medio del caos, las ciudades francesas como estandartes de la elegancia y la buena vida, los pueblos del Tirol como enclaves de cuento, o la Inglaterra del siglo XIX como el lugar y época más inspiradores de la literatura universal. </p>



<p>Al final, leer es soñar. </p>
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		<title>Tíldame de rebelde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Oct 2022 11:13:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[El otro día, una amiga mía que estaba leyendo mi última novela El club de la noticia: Crónica de una obra anunciada me hizo una observación que dio lugar a una larga conversación acerca de las últimas novedades de la RAE sobre ortografía en la lengua española. Ya contaba con &#8230;]]></description>
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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/10/Tildame-de-rebelde.jpg" alt="" class="wp-image-406" width="611" height="611" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/10/Tildame-de-rebelde.jpg 907w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/10/Tildame-de-rebelde-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/10/Tildame-de-rebelde-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/10/Tildame-de-rebelde-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/10/Tildame-de-rebelde-350x350.jpg 350w" sizes="auto, (max-width: 611px) 100vw, 611px" /></figure></div>


<p>El otro día, una amiga mía que estaba leyendo mi última novela <em><a href="https://www.nuriamcguzman.com/el-club-de-la-noticia-cronica-de-una-obra-anunciada/">El club de la noticia: Crónica de una obra anunciada</a></em> me hizo una observación que dio lugar a una larga conversación acerca de las últimas novedades de la RAE sobre ortografía en la lengua española. </p>



<p>Ya contaba con ello cuando publiqué el libro. </p>



<p>La observación fue motivada por mi decisión de tildar los pronombres demostrativos (éste, ése y aquél) y la duda de si actualmente se deben tildar o no. </p>



<p>Pues bien, antes de nada voy a dejar clara mi postura: Yo los tildo. </p>



<p>Esto, que parece una decisión tomada a la ligera, en realidad es el resultado de una lucha interna que libro conmigo misma desde hace bastante tiempo. Porque sí, estoy al corriente de los dictados de la Real Academia Española de la Lengua. Y sí, conozco perfectamente las normas de ortografía. De hecho, es un tema que me ha preocupado desde que era pequeñita, y siempre he perseguido la corrección al escribir. Es posible que se me pueda escapar algún error, no digo que no (reconozco que he tenido que pulir mi uso de las comas y sigo tratando de mejorar día a día), pero en líneas generales me atrevería a decir que no cometo faltas de ortografía. </p>



<p>Y, como decía, sí, conozco las normas y recomendaciones, pero también he sido educada en un sistema ortográfico que tengo muy interiorizado y de cuyo conocimiento y dominio me enorgullecía, y ahora no puedo cambiar así como así, de la noche a la mañana. </p>



<p>Mi lucha se debe a que si cumplo con las recomendaciones de la RAE, siento que <em>me traiciono a mí misma</em>. Siento que escribo mal, que cometo errores. Que me dejo llevar por la relajación de los estándares de corrección que impera hoy día en la mayoría de los campos educativos. Y si no las cumplo, me siento de algún modo «fuera de la ley» y al margen del sistema. Siento que infrinjo alguna norma, cuando en realidad tampoco es así. </p>



<p>En mi primera novela, <em><a href="https://www.nuriamcguzman.com/lunas-de-naranja-y-chocolate/">Lunas de naranja y chocolate</a></em>, traté de ser una buena chica. Fui obediente y cumplí a rajatabla todos los dictados de la <em>nueva ortografía</em>. Pero claro, también recibí algunas observaciones de un conocido, menos familiarizado con las últimas modificaciones, que me preguntó si las palabras «dio» o «rio» sin tildes eran correctas. A mí me duelen los ojos cada vez que las leo así, pero hice de tripas corazón y cumplí con aquello de no tildar los monosílabos. «Sí, son correctas», le contesté. Pero ya me fastidia que gente culta, como estos lectores a los que me refiero, se lleguen a plantear que estoy cometiendo faltas de ortografía cuando no es así. En estos casos, al ser amigos míos la cosa no tiene más relevancia, porque me preguntan y yo tengo la oportunidad de fundamentar mis respuestas. Pero me incomoda que haya gente que no me conozca que piense que <em>me estoy colando</em>. </p>



<p>En la segunda novela, como digo, he seguido respetando la norma de no tildar los monosílabos, y he tenido que escribir en varias ocasiones la palabra «guion» sin tilde, lo que ha estado a punto de provocarme una úlcera estomacal. Me siento una traidora a mi causa, pero <em>ea</em>, he pasado por el aro. Pero en lo tocante a los pronombres demostrativos me declaro abiertamente rebelde. No puedo más. Lo he intentado, pero es superior a mis fuerzas. </p>



<p>Como el tema me preocupa, antes de tomar esta drástica decisión decidí hacer una investigación exhaustiva de los razonamientos de la RAE y de la evolución de la referida norma. Y, después de mucho leer y analizar, vi que la RAE señala que esta norma siempre ha sido así. Que no era una obligación tildar los pronombres demostrativos, sino que se hacía uso de la <a href="https://www.fundeu.es/recomendacion/tilde-diacritica/">tilde <em>diacrítica</em></a> (la que se usa para diferenciar en la escritura ciertas palabras de igual forma, pero distinto significado, que se oponen entre sí por ser una de ellas tónica y la otra átona y que generalmente pertenecen a categorías gramaticales distintas) en casos de ambigüedad. Luego, aquello derivó en tildarlos siempre que cumplieran la función de pronombre (lo cual tiene bastante lógica, a mi modo de ver) y la RAE se limitó a recordar la norma tal cual fue concebida y, recientemente, a resaltar que no existe obligación de tildar estas palabras para, finalmente, recomendar no hacerlo. Lo mismo dijo a propósito del adverbio «sólo», en relación al cual mantengo la misma postura. </p>



<p>Se escuda la RAE en que estas palabras son llanas terminadas en vocal y, según las normas generales de ortografía, no deberían tildarse (<a href="https://www.rae.es/espanol-al-dia/el-adverbio-solo-y-los-pronombres-demostrativos-sin-tilde">aquí se puede consultar el artículo donde se explica</a>). Y yo me pregunto: ¿Qué pasa entonces con los adverbios interrogativos? ¿Qué vamos a hacer con «cómo», «dónde» o «cuándo», y con los monosílabos «qué» o «quién» (pronombre interrogativo)? ¿Por qué no aplicamos aquí la misma norma? ¿Quizá porque tildar «cómo» cuando es adverbio interrogativo lo diferencia de su uso como adverbio relativo o conjunción? Y si eso tiene tanta lógica, <em>porque la tiene</em>, ¿por qué narices han decidido jorobarnos a todos cambiando las normas que veníamos aplicando con otras palabras de función similar?</p>



<p>Además, no sé si os pasará lo mismo a vosotros, pero yo, cuando leo en un texto un «este» sin tildar con función de pronombre, lo leo de carrerilla sin darle el sentido adecuado, y normalmente tengo que releer la oración para poner cada cosa en su sitio. Es algo parecido a enfrentarse a un texto sin puntuación. </p>



<p>¿Qué será lo siguiente? ¿Eliminar la <em>H</em> porque no suena? ¿Homogeneizar las palabras que usan <em>B</em> y <em>V</em> porque en la práctica no existe diferenciación alguna entre ellas? ¿Qué otra maquiavélica forma de cargarnos nuestra bonita lengua podemos esperar?</p>



<p>Con estas modas sólo consiguen que los que nos preocupamos por escribir bien suframos una inseguridad que antes no teníamos, y que los que escriben mal piensen que los demás también lo hacemos. Es como igualar a la baja, premiar la mediocridad, relajar las formas, rebajar el nivel de excelencia&#8230;  Todo eso que está tan en boga. </p>



<p>En fin, me repatea este asunto, en serio. Me repatea mucho. </p>



<p>Me consuela saber que ni siquiera dentro de la propia Academia existe consenso, y que fueron muchas las voces discordantes y los rebeldes que han decidido pasar de esta moda y esperar que las aguas vuelvan al cauce de la sensatez. </p>



<p>El mismísimo Arturo Pérez-Reverte está cansado de mostrar su postura disconforme al respecto, y también se ha pronunciado en este sentido el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, entre otros. </p>



<p>Pues qué queréis que os diga: me subo a ese carro. Lo único que me fastidia es tener que soltar esta extensa explicación cada vez que alguien me saque el tema, pero todo sea por salvaguardar el futuro del español como lengua culta y perfeccionada. Casi nada. </p>



<p>Además, yo, que <em>soy de leyes</em>, tengo grabado a fuego en mi mente aquello de los derechos adquiridos y la general irretroactividad de las normas jurídicas. Y puesto que yo nací en una época en la que los pronombres demostrativos se tildaban, y dado que lo que establece la RAE es una recomendación y no una prohibición, no se puede pretender que a los de mi generación se nos apliquen estas nuevas corrientes que nos roban la sensación de seguridad sobre el trabajo bien hecho con la que escribíamos hasta el momento. </p>



<p>Para saber más sobre este tema, os recomiendo <a href="https://www.atmosferaliteraria.com/morir-con-las-tildes-puestas/">este fantástico artículo</a> del blog de la editorial <em>Atmósfera literaria</em>.</p>



<p>Y vosotros, ¿de qué lado estáis? ¿Tildáis o no tildáis?</p>



<p></p>
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		<title>Ambientaciones que atrapan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Sep 2022 10:19:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El placer de leer]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes de novela]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando abrimos un libro, abrimos una ventanita a un universo paralelo. Un mundo propio que rodea a la historia. Una atmósfera que, si está bien elegida, nos cautiva y contribuye a redondear el argumento de la novela. La ambientación es casi un personaje más y tiene tanto peso en la &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/09/El-equilibrio-de-una-buena-novela-instagram.jpg" alt="" class="wp-image-384" width="545" height="545" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/09/El-equilibrio-de-una-buena-novela-instagram.jpg 945w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/09/El-equilibrio-de-una-buena-novela-instagram-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/09/El-equilibrio-de-una-buena-novela-instagram-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/09/El-equilibrio-de-una-buena-novela-instagram-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/09/El-equilibrio-de-una-buena-novela-instagram-350x350.jpg 350w" sizes="auto, (max-width: 545px) 100vw, 545px" /></figure></div>


<p>Cuando abrimos un libro, abrimos una ventanita a un universo paralelo. Un mundo propio que rodea a la historia. Una atmósfera que, si está bien elegida, nos cautiva y contribuye a redondear el argumento de la novela. </p>



<p>La ambientación es casi un personaje más y tiene tanto peso en la historia como el propio hilo de los acontecimientos o la personalidad de quienes intervienen en ellos. Hay géneros literarios donde esto es más evidente, como por ejemplo en la fantasía. Qué hubiera sido de <em>El señor de los anillos</em> sin el mundo fantástico creado por Tolkien. Y qué duda cabe de que <em>Harry Potter</em> no habría sido lo mismo en un instituto contemporáneo de Estados Unidos, por decir algo. </p>



<p>A veces, muchas veces, en realidad, elegimos una lectura porque nos apetece especialmente perdernos en esa atmósfera tan particular que algunos autores han creado para nosotros. Por ejemplo, Rosamunde Pilcher se hizo famosa por sus historias románticas que siempre giran en torno a una casa con solera enclavada en algún lugar precioso de las escarpadas costas de Inglaterra o Escocia. Sus lectores buscan eso mismo cada vez que deciden leer una de sus obras. A mí, por ejemplo, me encanta esa ambientación. Como también me encanta la ambientación de las novelas de Victoria Holt, que siempre cuentan historias ocurridas durante el siglo XIX en alguna mansión misteriosa de Inglaterra. Además, sus heroínas son siempre mujeres independientes que tienen que buscarse la vida luchando contra los convencionalismos de la época. Cada vez que retomo una de sus obras, ya sé lo que me voy a encontrar, y eso, lejos de decepcionarme, me atrae poderosamente. </p>



<p>A un nivel superior y sin el elemento de misterio, se halla Jane Austen y su particular mundo de las relaciones sociales en la Inglaterra de su época. De sus novelas nos fascinan los diálogos agudos, que tratan de suplir la falta de contacto físico (tan presente en las novelas actuales), y la tensión a la que se ven sometidos sus protagonistas en medio de ese universo plagado de bailes de sociedad, vestidos bonitos e intrigas casamenteras. Una delicia. </p>



<p>Yo creo que cuando leemos un libro buscamos un mundo especial. También puede ser un entorno contemporáneo, como ocurre en las atractivas e intrigantes novelas de autores como Mary Higgins Clark o John Grisham. La primera siempre ambienta sus novelas en la Nueva York de nuestros días, y sus protagonistas se mueven entre la élite y el <em>glamour</em> mientras se enfrentan a investigaciones que ponen en peligro sus propias vidas. El segundo es famoso por moverse como pez en el agua en el mundillo judicial de las grandes ciudades de Estados Unidos, que tan bien conoce por su faceta de abogado.  </p>



<p>Otros autores suelen trasladarnos a la difícil época de las guerras mundiales, o al intrincado mundo del espionaje. Todos ellos eligen para sus historias la ambientación más adecuada, que contribuya a crear en la mente del lector la ilusión de que está viviendo lo que lee. </p>



<p>A mí, particularmente, me gustan las historias que transcurren en Nueva York, Londres, o cualquier otra gran ciudad como Madrid, Barcelona&#8230; Me gusta ese ritmo rápido que suele acompañar a estas ambientaciones, el toque actual, los protagonistas contemporáneos, que trabajan en agencias de publicidad y entornos por el estilo. Me gustan mucho, y a veces el cuerpo me pide ese tipo de lectura. </p>



<p>En el caso de Londres o Edimburgo, estas ciudades tienen la particularidad de ser ambientaciones que, aunque usadas en novela actual, pueden conservar el encanto de lo añejo. Esto, para mí, es un plus. </p>



<p>Y me gustan mucho más las historias decimonónicas, las relaciones sociales de ese tiempo encorsetado y el mundo fascinante de la Inglaterra de aquella época. Es cierto que en España tenemos muchas buenísimas novelas del Realismo del siglo XIX, aunque, sin duda, me quedo con la literatura inglesa. Y también me encanta la Rusia de aquellos años. Sin embargo, los conflictos a los que se tienen que enfrentar los personajes son bastantes más serios, y a veces escabrosos, que en las obras que he mencionado más arriba. </p>



<p>Pero si hay una ambientación que me atrae como la luz a las polillas es la de los pueblos tranquilos, las pequeñas ciudades donde los vecinos se conocen, los entornos rurales llenos de encanto. Será porque yo vivo en uno de esos lugares y tengo claro que la vida es más humana en ellos. </p>



<p>Son muchas las novelas que transcurren en pequeños enclaves junto al mar, unas veces, o en medio de la campiña inglesa, otras, o en nuestra preciosa España rural o cualquier otro país europeo. Y, aunque no recuerdo ahora mismo ninguna novela ambientada en un pueblo estadounidense, sí que he disfrutado muchísimo con películas que han elegido esa ambientación en la época actual. O qué decir de <em>Ana de las Tejas Verdes</em>, ambientada en la Canadá de finales del siglo XIX. Me chifla el siglo XIX, eso ha quedado claro, ¿no?   <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/16.0.1/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p>Como amante de la escritura que soy, me fascina el mundo creado por la serie de televisión <em>Se ha escrito un crimen</em>, y según se dice, basado en las novelas del personaje (y autor ficticio de las mismas) Ellery Queen. Esta serie, y no creo descubrir nada nuevo, se desarrolla en un pueblecito de Estados Unidos llamado Cabot Cove, que, curiosidades de la vida, es un lugar inventado. Pero está tan bien ideado que logra mantener el <em>glamour</em> y el encanto pese a que sus habitantes son asesinados como moscas (uno cada semana) para poder alimentar los distintos episodios. Pero a mí me encanta. Me dan ganas de vivir allí, aunque sea un lugar tan peligroso. También será que me fascina el personaje de Jessica Fletcher, que a mi juicio disfrutaba de una vida ideal, sobre todo teniendo en cuenta que era la protagonista y no tenía que sufrir el miedo de poder convertirse en la siguiente víctima. </p>



<p>Otro de mis entornos favoritos es el elegido por M.C. Beaton (fallecida en 2020, para mi desgracia como lectora de sus obras), para ambientar las novelas de su personaje <em>Agatha Raisin</em>. Esa certera combinación de historia actual y pueblecito inglés paralizado en el tiempo me parece sumamente atrayente. Si no sabéis de qué hablo, buscad «Cotswolds» en Google y me entenderéis. Qué maravilla de entorno, válgame Dios (de hecho, a él corresponde la imagen que ilustra esta entrada). </p>



<p>Y, bueno, como no podía ser de otra manera, tanto me gustan esos ambientes bucólicos e íntimos, que mi modesta contribución al panorama literario también gira en torno a pueblos y ciudades pequeñas con encanto. Si tenéis curiosidad, os animo a leer <em><a href="https://www.amazon.es/Lunas-naranja-chocolate-Mart%C3%ADnez-Carrasco-Guzm%C3%A1n/dp/B095GCY6T2/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&amp;qid=&amp;sr=">Lunas de naranja y chocolate</a></em>, ambientada en Albanchez, un precioso pueblo pequeñito del interior de Almería (donde nació mi abuela) y del que los lectores han destacado especialmente el acierto de su atmósfera, y <em><a href="https://www.amazon.es/El-club-noticia-Cr%C3%B3nica-anunciada/dp/B0BCS92R2X/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&amp;qid=&amp;sr=">El club de la noticia: Crónica de una obra anunciada</a></em>, ambientada ésta en Caravaca de la Cruz, pequeña ciudad del noroeste murciano que adoro, porque, entre otras cosas, es el lugar donde vivo. De ella también hay quien ha destacado la capacidad de hacer brillar el encanto de lo cotidiano y de la vida tranquila en los pueblos. <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/16.0.1/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p>En esta misma web podéis encontrar más información de ambas novelas. </p>



<p>Y, como ya he dejado claras mis preferencias en cuanto a ambientación, y también me gustaría descubrir otras nuevas (nunca se sabe), me encantaría que compartierais conmigo vuestros gustos literarios. ¿Conocéis alguna novela que atrape especialmente por su atmósfera? Contádmelo en comentarios&#8230; <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/16.0.1/72x72/1f609.png" alt="😉" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>
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		<title>¿Escritor o «descritor»?</title>
		<link>https://www.nuriamcguzman.com/escritor-o-descritor/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Jun 2022 14:59:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuanto más leo y más escribo, más consciente soy de la tremenda complejidad que entraña la ambiciosa tarea de escribir una buena novela. Y recalco: una buena novela, no simplemente una novela. Porque escribir una novela está al alcance de todos nosotros. Todos los que hemos aprendido a escribir y &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/06/escritor-o-descritor.jpg" alt="" class="wp-image-342" width="578" height="578" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/06/escritor-o-descritor.jpg 945w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/06/escritor-o-descritor-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/06/escritor-o-descritor-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/06/escritor-o-descritor-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/06/escritor-o-descritor-350x350.jpg 350w" sizes="auto, (max-width: 578px) 100vw, 578px" /></figure></div>


<p>Cuanto más leo y más escribo, más consciente soy de la tremenda complejidad que entraña la ambiciosa tarea de escribir una buena novela. Y recalco: <strong>una buena novela</strong>, no simplemente una novela.</p>



<p>Porque escribir una novela está al alcance de todos nosotros. Todos los que hemos aprendido a escribir y manejamos con solvencia la gramática de nuestra lengua somos capaces de escribir una novela. Tan sólo hay que sentar el trasero en la silla y teclear día tras día hasta que el relato adquiera una extensión adecuada. Es una cuestión de tiempo y perseverancia.</p>



<p>Pero escribir una buena novela ya es otro cantar, y, en mi opinión, los que aspiramos a ello no deberíamos relajarnos nunca ni dejar de aprender los entresijos del oficio, que no es cualquier cosa.</p>



<p>Y ahí ando yo: aprendiendo, analizando las obras de los escritores consagrados y de otros que aún no se han alzado oficialmente con dicho título, pero que escriben (algunos de ellos) obras estupendas capaces de conmover y enganchar al lector. De todo el mundo se aprende. Bueno o malo, pero se aprende. </p>



<p>La verdad es que, desde que me he tomado más en serio el objetivo de vivir de escribir, leo poniendo mucha más atención en los <strong>detalles que diferencian una buena obra de otra totalmente prescindible</strong>. Y lo que más me ha sorprendido es que nadie parece estar a salvo de escribir obras prescindibles, ni siquiera los autores más reputados. O, al menos, así me lo ha parecido a mí después de haberme topado con alguna gran decepción tras la lectura de novelas que elegí muy ilusionada y con las expectativas muy altas. &nbsp;</p>



<p>Me atrevería a decir que la principal diferencia entre una obra buena y una prescindible es la misma que existe entre un escritor o escritora y lo que he decidido llamar “un <em>descritor</em>”, es decir, una persona que, más que escribir historias, describe lo que hacen sus protagonistas. Una combinación entre un escritor y un mero descriptor. </p>



<p>Porque una novela no es sólo una sucesión de párrafos con información sobre una historia, no. Una novela debe tener alma. Debe poseer la facultad de emocionar, de transmitir algo más aparte de lo que se relata estrictamente en sus líneas.</p>



<p>Para ser escritor no es suficiente con redactar correctamente y contar una historia. El asunto es mucho más complejo. Muuuucho más. Vamos a verlo con más detalle:</p>



<h5 class="wp-block-heading">1. <strong>No es lo que se cuenta sino también lo que no se cuenta</strong></h5>



<p>Ésta me parece una diferencia fundamental entre el escritor y el <em>descritor</em>, y, sin duda, una de las habilidades más difíciles de conseguir. Me refiero a saber qué contar y qué callar. Porque contarlo todo no tiene más vuelta de hoja que la de sentarse a escribir y echarle paciencia, como he dicho antes. Pero la magia sólo se produce cuando el autor o autora sabe elegir sabiamente de qué información prescindir y qué otra compartir con el lector. El intríngulis del asunto radica en seleccionar las partes más relevantes de la historia para hacerla avanzar sin perder información, sin provocar lagunas temporales y sin que el lector se dé cuenta de los saltos que se están produciendo. El <em>quid</em> de la cuestión, por tanto, es saber qué no contar.</p>



<p>Así, un <em>descritor</em> no se deja nada en el tintero, mientras que un escritor casi brilla más por lo que calla que por lo que cuenta.</p>



<p>Lo mismo ocurre en el mundo del cine. El otro día vi un coloquio que emitieron tras la proyección de la película “Muerte de un ciclista”, de Juan Antonio Bardem, y todos los contertulios estuvieron de acuerdo en la genialidad de la primera escena, donde el diálogo se limita a repetir “Juan… ¡Juan…!” con diferentes grados de ansiedad. Ese ingenioso recurso consigue, por sí solo, transmitir la idea deseada en la mente del espectador: que nadie debe enterarse de las circunstancias del atropello que se acaba de producir.</p>



<p>Todos coincidían en comparar aquella forma de hacer cine, basada en sugerir, con la más explícita que se estila hoy día, en la que abunda la información masticada y todo se muestra, sin dar al espectador la oportunidad de deducir.</p>



<p>En lo tocante a la literatura, todos hemos leído libros en los que se nos cuenta hasta el último detalle de los movimientos de los protagonistas: cómo se lava los dientes, cómo se viste, los pasos que da hasta la cocina, cómo se sirve el café… A menos que el objetivo sea atraer la atención del lector hacia esos gestos cotidianos porque luego habrán de tener una importancia crucial, no se entiende que nos cuenten todas esas minucias. Yo, como lectora, desconecto automáticamente.</p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>2. No es lo que se cuenta sino cómo se cuenta</strong></h5>



<p>Una vez más, lo más importante no es la información desnuda de lo que ocurre en la historia, sino el enfoque utilizado para transmitirla. Obviamente, este punto guarda una estrecha relación con el anterior, porque saber dónde y qué callar forma parte del arte de saber cómo contar algo.</p>



<p>Un <em>descritor</em> persigue a su protagonista por las páginas de la novela describiendo todos sus movimientos. Siempre al mismo; siempre de la misma manera. Un escritor, por el contrario, va cambiando el enfoque, el punto de vista, recalca unos pensamientos, oculta otros, prescinde de algunos sucesos, elimina información, sugiere, muestra sin explicar… ¡Casi nada! Muy pocos dominan ese arte, y no todos los autores afamados entran en ese grupo privilegiado, así como tampoco todos los desconocidos son ajenos a él. &nbsp;</p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>3. Sin emoción no hay novela</strong></h5>



<p>O no hay novela buena. Porque una historia tiene que emocionar, transmitir algo, removernos por dentro. Hay gente que tiene esa habilidad y hay otra a la que, cuando lo intenta, “se le ve el cartón”. Es terrible cuando estás leyendo a alguien y lo ves venir a la legua. Eso es algo en lo que a mí me da mucho miedo caer (y seguramente caigo y caeré), en tratar de llegar al corazón del lector y que todo quede en un burdo intento de conmover. Qué miedo, por Dios.</p>



<p>También los hay que te entierran bajo una montaña de información que, al final del camino, no te ha transmitido nada.</p>



<p>A veces, es difícil distinguir la obra de un <em>descritor</em> de un artículo periodístico o de un texto divulgativo. Está lleno de hechos y detalles relevantes, pero no hay nada que convierta esa sucesión de acontecimientos en una historia. Lo dicho: no hay alma.</p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>4. Escribir no es elegir un lenguaje rebuscado</strong></h5>



<p>Al menos, ésa es mi opinión. Hay gente que, ya de por sí, maneja de forma inconsciente ese estilo más florido, pero hay quien sólo lo hace creyendo que así demuestra mayor dominio de las letras. Y a mí me rechina como no os podéis imaginar. Si uno es florido, que lo sea de manera genuina, porque los estilos forzados logran el resultado opuesto al que buscaba su autor.</p>



<p>Un escritor de los buenos escribe de una manera natural, o que al menos lo sea para él o ella. Pero nunca suena artificioso. Un <em>descritor</em>, en cambio, cae en ese error con más frecuencia. ¿Por qué? Porque está más pendiente de la forma que del fondo, y eso nos lleva al siguiente punto…</p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>5. Lo más importante es la historia</strong></h5>



<p>Un escritor sabe que el objetivo de una novela es transmitir, no lucirse. Un <em>descritor</em> está tan obsesionado con el estilo que a menudo se olvida de que está contando una historia.</p>



<p>Hay algunos cuyo principal objetivo es dejar al mundo maravillado con su elección de palabras, y otros que tienen por única preocupación mostrar información con absoluta corrección gramatical y ortográfica. Y desde luego, eso es fundamental, es el paso previo indispensable para poder transmitir, pero por sí solo no te lleva al siguiente nivel, que es el que alcanzan las novelas de verdad y lo que diferencia a un escritor o escritora de un aspirante o <em>descritor</em>.</p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>6. Nunca se termina de aprender</strong></h5>



<p>Yo creo que un buen escritor siempre duda de lo que ha escrito. Siente terror ante la posibilidad de haber caído en reiteraciones, de contar más de lo que debe, de rozar el sentimentalismo, de no guardar una coherencia temporal y una evolución lógica de las personalidades de sus personajes. Un <em>descritor </em>no se calienta la cabeza con esas minucias porque no edita, simplemente redacta la información con máximo detalle y con ello ya da por sentado que está todo hecho.</p>



<p>Quizá me equivoque, pero es la sensación que me da cuando leo algunas novelas en las que sus autores parecen haber dado por buena la primera y única versión de su historia. Sobre todo, cuando son obra de un autor consagrado. Porque si uno ya ha alcanzado cierto nivel, se le presupone “el ojo clínico” necesario para saber dónde meter el bisturí y despojar al texto de los fragmentos que no aportan nada. Pero, sorprendentemente, deciden darlo por bueno porque creen, quizá, que el lector no tiene la inteligencia suficiente para darse cuenta de la estafa. Ellos ya han volcado en el papel todo lo que querían volcar y ya está. Y si encima les ha salido un libraco de ochocientas páginas que te pueden cobrar a treinta euros, mejor que mejor. A por el siguiente.</p>



<p>En fin…</p>



<p>Este tema daría para muchas conversaciones jugosas y para llenar páginas y páginas sobre el arte de escribir, pero baste lo expuesto para tener una idea suficiente de lo que quiero decir.</p>



<p>Por supuesto, vuelvo a dejar claro que yo no soy más que una aspirante, y que me limito a leer, aprender y analizar con detenimiento para alcanzar algún día el sueño de escribir una novela <em>con mayúsculas</em>. Tan sólo pretendo descubrir de qué está hecha una gran obra y lograr así evitar los errores más comunes en los que solemos caer los que estamos aprendiendo esta bonita profesión.</p>



<p>Y dime, <strong>¿tú qué opinas?</strong> <strong>¿Te has topado alguna vez con alguna novela que contara de más y transmitiera de menos? ¿O quizá quieres compartir con los demás alguna que cumpla con todos los elementos deseables?</strong> Cuenta, cuenta… <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/16.0.1/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> </p>
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		<title>El escritor comercial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Apr 2022 11:47:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[Un tema espinoso, el que tratamos hoy. Aunque no para mí, en realidad. Tengo una opinión muy clara sobre la conveniencia de que una novela sea comercial o no. Pero cuantos más blogs especializados visito, cuantas más entrevistas a autores leo, cuantos más comentarios vertidos en internet me encuentro, más &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/04/El-escritor-comercial-instagram.jpg" alt="" class="wp-image-328" width="527" height="527" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/04/El-escritor-comercial-instagram.jpg 945w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/04/El-escritor-comercial-instagram-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/04/El-escritor-comercial-instagram-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/04/El-escritor-comercial-instagram-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/04/El-escritor-comercial-instagram-350x350.jpg 350w" sizes="auto, (max-width: 527px) 100vw, 527px" /></figure></div>


<p>Un tema espinoso, el que tratamos hoy.</p>



<p>Aunque no para mí, en realidad. Tengo una opinión muy clara sobre<strong> la conveniencia de que una novela sea comercial </strong>o no. Pero cuantos más blogs especializados visito, cuantas más entrevistas a autores leo, cuantos más comentarios vertidos en internet me encuentro, más cuenta me doy de que, por lo visto, éste es un tema espinoso.</p>



<p>Vamos a centrar el debate: La cuestión que se trata en la entrada de hoy es si una novela debería ser comercial o no, y si <strong>el carácter comercial de una novela le resta categoría literaria</strong>. </p>



<p>En realidad se trata de dilucidar, más bien, si una buena novela puede ser comercial. </p>



<p>Pues bien, voy a empezar confesando algo: yo no tengo nada en contra de la literatura comercial. Es más, ya me gustaría a mí escribir un montón de novelas que resultaran ser comerciales y que la gente <em>se pegara tortas</em> por adquirirlas y leerlas. Y que ello me permitiera vivir de la escritura, ese sueño que todos los aspirantes a escritores profesionales acariciamos secretamente.</p>



<p>Voy a intentar explicarme un poco mejor:</p>



<p>A la hora de escribir, no tengo intención de sentirme condicionada por lo que creo que puede tener más o menos éxito de ventas, no. Eso sería oportunista y absurdo, y me obligaría a trabajar en una obra en la que no creo. Y si a mí no me gusta lo que hago, ¿a quién le va a gustar? Pero también tengo que decir que <strong>a mí no me da miedo ser comercial</strong>, si es que algún día llego a serlo. Por suerte para mí, entre otras muchas cosas, también me gusta la literatura comercial, es decir, la que más vende. Tengo un gusto muy alineado con el de la mayoría de lectores. Aunque me guste investigar entre los libros menos conocidos de cuando en cuando, buscando alguna joyita que haya pasado desapercibida, en general no soy nada rebuscada eligiendo lecturas. Eso hace que, a la hora de escribir, me sienta más atraída por contar historias que, casualmente, tienen más probabilidades de atraer a un público amplio. Ahora solo falta que las escriba y las escriba bien, y que ese objetivo que yo me he propuesto —enganchar al lector—, se cumpla.</p>



<p>Pero insisto, ¿a qué viene ese desprecio hacia los productos comerciales? <strong>¿Quién ha determinado que lo comercial no puede ser bueno?</strong> Hay libros comerciales muy buenos (“La Celestina” fue el primer <em>best-seller</em> de la Historia), igual que los hay malos, y también hay libros nada comerciales que son un verdadero tostón. </p>



<p>Como ejemplo de literatura comercial y buena, «Orgullo y prejuicio» me parece impecable. También «La tabla de Flandes» me encantó. «Los renglones torcidos de Dios», la trilogía de Roma, de Santiago Posteguillo&#8230; Todos ellos han sido libros muy populares que además tienen una calidad indiscutible. Y como ejemplo de novela mala y comercial, me viene a la cabeza «El Código Da Vinci». Me pareció un despropósito, sinceramente, aunque con mucha capacidad para enganchar. </p>



<p>Y es que, cuando digo comercial, no estoy hablando de historias de usar y tirar. A mí me gustan libros de todos los niveles. Lo mismo disfruto con una novelita rosa y sencilla, que con una de misterio amable, con un <em>thriller</em> trepidante o con alguna de las obras cumbres de la literatura universal. Anna Karenina, por ejemplo, me fascinó, y nadie podrá negar que se trata de una obra comercial (¿es que hay alguien que no la conozca?)</p>



<p>Porque, a ver, <strong>analicemos qué significa ser comercial</strong>:</p>



<p>¿Por qué una obra literaria o una obra audiovisual se convierte en comercial? ¿Por qué un grupo musical consigue vender millones de discos?</p>



<p>Porque tiene la capacidad de gustar a mucha gente.</p>



<p>Porque consigue enganchar al público y dejarlo con ganas de más. <strong>Porque entretiene, hace pasar un buen rato</strong> (aunque te haga llorar), <strong>emociona</strong>. ¿Y eso es malo? ¿Dónde hay que firmar para que me garanticen que mis escritos van a lograr ese efecto en el público? Es cierto que el <em>marketing</em> tiene muchísimo que ver en la difusión de una obra, pero si la historia no gusta, el éxito no llegará.</p>



<p><strong>El tema de la calidad, en mi opinión, no tiene nada que ver con el carácter comercial de una obra.</strong> Una novela puede ser buena y comercial, mala y comercial, buena y poco comercial o mala y poco comercial (o sea, infumable). Y me juego el cuello a que los que crean algo bueno y poco comercial estarían encantados de que, poco a poco, su obra consiguiera llegar a más público o, lo que es lo mismo, ser más comercial. Porque también se da la circunstancia de que novelas bien escritas y con todas las papeletas para ser comerciales nunca llegan al gran público, cosa que dudo que fuera un efecto buscado por el escritor. </p>



<p>Seamos sinceros, <strong>¿qué autor en su sano juicio tendría el propósito consciente de que nadie conociera ni disfrutara lo que hace?</strong></p>



<p>Vale, lo sé. Hay muchísimas personas que dicen que escriben para ellos, que no les importa la opinión de los demás, que les resbalan las ventas. Pero casualmente lo dicen al pie de artículos de blogs dedicados a darte consejos para poder vivir de escribir. Y, que yo sepa, no hay forma humana de vivir de la escritura si no es logrando que alguien quiera pagar por lo que escribes. A menos que uno o una pretenda vivir de subvenciones, claro. Yo no lo pretendo. </p>



<p><strong>Yo sueño con escribir cada vez mejores historias que atrapen al lector</strong>. Es más, no quiero que la gente pierda el tiempo analizando mi estilo literario y alabando mi habilidad para elegir las palabras. Lo que a mí me interesa es que la historia sea tan apasionante y les absorba de tal manera que no se den cuenta ni de que están leyendo.</p>



<p><strong>Pero, por encima de todo, quiero hacer buena literatura.</strong> Perfeccionar mi estilo hasta que resulte impecable, pero nunca, más protagonista que la historia en sí. Quiero aprender a comunicar lo que quiero transmitir de la forma más certera posible. Y quiero que a la gente no le duela soltar unos euros para poder disfrutar de lo que tengo que ofrecer. </p>



<p>Quiero que mis libros sean recomendados por unos lectores a otros y los lea más gente cada vez.</p>



<p>A ese sentido me refiero cuando digo que <strong>quiero hacer literatura comercial. Buena literatura comercial.</strong></p>
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		<title>El sentido de la propia importancia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nuria]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Jan 2022 19:33:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando me lancé a la aventura de escribir, consulté todos los blogs habidos y por haber especializados en el tema, y un consejo que se repetía en todos ellos era el de asegurarnos de tener presencia en las redes sociales. Y, huelga decirlo, ser constante en ellas (mi talón de &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/El-sentido-de-la-propia-importancia-instagram.jpg" alt="" class="wp-image-323" width="476" height="476" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/El-sentido-de-la-propia-importancia-instagram.jpg 945w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/El-sentido-de-la-propia-importancia-instagram-300x300.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/El-sentido-de-la-propia-importancia-instagram-150x150.jpg 150w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/El-sentido-de-la-propia-importancia-instagram-768x768.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/El-sentido-de-la-propia-importancia-instagram-350x350.jpg 350w" sizes="auto, (max-width: 476px) 100vw, 476px" /></figure></div>


<p>Cuando me lancé a la aventura de escribir, consulté todos los blogs habidos y por haber especializados en el tema, y un consejo que se repetía en todos ellos era el de asegurarnos de tener presencia en las redes sociales. Y, huelga decirlo, ser constante en ellas (mi talón de Aquiles). &nbsp;</p>



<p>Esto, cuando eres un pelín tímida o reservada, como es mi caso, cuesta bastante. Yo he tenido blogs casi desde el mismo momento del surgimiento de ese fenómeno, pero siempre escribía bajo seudónimo. Y claro, si mi objetivo era darme a conocer o más bien dar a conocer mi novela, no tenía sentido tomarme la molestia de escribir bajo un nombre ficticio.</p>



<p>El problema que se plantea entonces al escritor novato es qué imagen le interesa dar. Una ventaja evidente de escribir con nombre falso es que, como nadie te conoce, te puedes permitir el lujo de divagar y decir chorradas, sin mayores consecuencias. Un día te levantas profunda y escribes; otro día amaneces guasona y escribes. Y así, poco a poco, te vas mostrando como realmente eres y sin tapujos. Pero cuando estás dando la cara, la cosa cambia, y el miedo a pecar de insulsa, superficial, pedante o lo que sea te paraliza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-3-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-321" width="575" height="383" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-3-1024x682.jpg 1024w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-3-300x200.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-3-768x512.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-3-458x305.jpg 458w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-3.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 575px) 100vw, 575px" /></figure></div>


<p>Esta reflexión viene a propósito de mi perfil en Goodreads. Sí, también abrí cuenta allí, claro está. Hoy me he animado a completar un cuestionario que tenía a medio y me he dejado llevar por mi humor del momento. He estado tentada de borrarlo todo y pensar unas respuestas más sesudas que me hagan parecer interesante, pero he abandonado la idea porque yo no soy así. Es decir, interesante sí creo serlo, al menos en un grado aceptable, pero sesuda, profunda y con aires de altura intelectual, no.</p>



<p>Y, claro, una cosa me ha llevado a la otra, y al darme cuenta de que este blog lo tenía más parado que los ojos de Espinete (mi inconstancia, una vez más) me he decidido a aprovechar el arrebato y actualizarlo.</p>



<p>A veces leo reflexiones de personas que conozco y me quedo un poco perpleja por el tono empleado, porque en la vida real no son así. Y esta peculiaridad se aprecia de forma más evidente en publicaciones en las que, según la opinión general, “tenemos que dar una imagen”. Así, nos encontramos con textos rebuscados llenos de palabrejas imposibles que no reflejan ni por asomo la verdadera personalidad de su autor.</p>



<p>Creo que yo también he caído alguna vez en esta trampa: el miedo escénico me ha hecho perder frescura y me he mostrado de forma artificial.</p>



<p>Y, si esto nos sucede a todos (véase Linkedin, por ejemplo), en el mundo literario creo que este defecto se acrecienta. Ya sabemos que los escritores tienen un aura de personaje inalcanzable que se encuentra en un nivel superior a la media, por encima del bien y del mal, y que todo lo que sale de su pluma es elevado y exquisito. Como consecuencia, todo el que pretende vivir de este oficio acaba cayendo en la tentación de comportarse como si eso fuera lo que los demás esperan de él y termina adoptando una personalidad afectada y totalmente alejada de su realidad.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-2-1024x709.jpg" alt="" class="wp-image-320" width="588" height="407" srcset="https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-2-1024x709.jpg 1024w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-2-300x208.jpg 300w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-2-768x532.jpg 768w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-2-458x317.jpg 458w, https://www.nuriamcguzman.com/wp-content/uploads/2022/01/el-sentido-de-la-propia-importancia-2.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 588px) 100vw, 588px" /></figure></div>


<p>Supongo que eso les ocurre más a los novatos que a los autores consagrados, puesto que su sentido de la propia importancia es más acusado. Sin embargo, cuanto más has logrado en la vida (por méritos propios), más llano te muestras, es así. Todo el mundo recuerda a Paco Umbral soltando aquello de “yo he venido a hablar de mi libro” con total naturalidad delante de miles de espectadores y en horario de máxima audiencia.</p>



<p>Siempre he dicho que mi aspiración era hablar cinco idiomas y tener un trabajo apasionante del que me encantara hablar y con el que me ganara la vida maravillosamente bien, porque en ese caso me relajaría completamente y sería capaz de hablar de cualquier tontería sin miedo a lo que pensaran de mí. Aún no he llegado a ese punto, pero he decidido empezar a comportarme ya como si me moviera por la vida bajo seudónimo: con total libertad y dejando salir a borbotones mi verdadera personalidad. Claro que, como mi familia ya sabe de sobra, mis decisiones tienen corto recorrido, y lo que hoy me parece una máxima férrea a la que convertir en el foco que guíe mi existencia (modo dramático “on”), mañana me parecerá totalmente disparatada y falta de sentido.  </p>



<p>Como decía Groucho Marx: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”.</p>



<p>*(Ahora que me documento, veo que la atribución de esa cita es errónea y que no la dijo el propio Groucho, sino un personaje ficticio basado en él. De todos modos, le encaja perfectamente).  </p>
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