Creo que iniciarse en el mundo de la escritura en pleno siglo XXI tiene sus ventajas indudables: puedes usar ordenador, puedes vender tus libros a todo el planeta y puedes hacerte publicidad en internet en igualdad de condiciones que el más pudiente y afamado de los escritores que actúa respaldado por una gran editorial.
Pero también creo que tiene serios inconvenientes, que son precisamente el hecho de que, al facilitar las herramientas para llegar a cualquier lector, todos los escritores pueden hacer lo mismo, y la competencia es brutal. Es una selva, no os podéis imaginar. Así que no queda más remedio que lanzarse a la ingrata tarea de hacerse publicidad para conseguir que alguien te vea. Y a mí esto del marketing (o mercadeo, como lo llama la RAE, lo cual da una imagen más clara de la realidad) me da un pudor tremendo. Es que no me veo, en serio. Y cuando veo cómo se publicitan los demás, lo paso igual de mal, ay…
Porque somos como tenderos en un mercadillo, sin intención de faltar a los tenderos de mercadillo, pero es que para todo hay que valer en este mundo, y yo para eso no valgo, me falta cara. No soy capaz de ponerme a vociferar «compra mi libro, compra mi libro» porque me siento mal.
Pero claro, qué remedio, algo hay que hacer. En esta era superdigitalizada (…espialidosa) no hay más tutía que darse a conocer, y cada uno hacemos lo que podemos, con mayor o menor acierto.
Me vienen estas reflexiones a raíz de la nueva página de Facebook, donde, no nos engañemos, me siguen cuatro gatos, y todos ellos los tenía ya como contactos en mi facebook personal, así que para qué, me pregunto. Para qué ese redoble de esfuerzos, si lo único que voy a conseguir es atosigar más a mis pobres y sufridos amigos, de los cuales, ya me han leído los que querían hacerlo, y a los demás corro el riesgo de espantarlos con la maniobra. Para qué, de verdad, en serio, jolines (sí, yo soy muy así, uso tacos de abuela o de comic, según me pille).
Y entonces me da por pensar: «¿Vamos a ver, Nuria, tú cómo eliges libro cuando buscas algo nuevo que leer?» Pues yo, básicamente, busco dentro del género que me gusta, y cuando ya estoy metida en el percal, busco un título que me resulte sugerente, una portada que me llame, una sinopsis que me deje con ganas de más. Y luego, cuando estoy en el mundo de carne y hueso, cojo el libro y me leo la primera página, a ver si me invita a seguir, y si me pilla en el mundo virtual (bendito Kindle), me leo el fragmento que Amazon tiene a bien facilitarnos. Y ya está, no hay más. Bueno, sí, como toda la vida, las recomendaciones de lectores afines a mí tienen mucho peso en mis elecciones, y a veces también me guío por el puro instinto, sin un motivo, sólo cogiendo un libro que ande a la deriva por mi casa y que de pronto se me antoje leer.
Así funciono yo, y me atrevería a decir que la inmensa mayoría de lectores, lo que me lleva a la siguiente conclusión: para qué ajs!!flañ#ksjf (narices) sirve estar haciendo vídeos en Instagram, poniendo fotos del libro en todas partes, contando con pelos y señales mi día a día, dando la matraca en las redes sociales, si a la gente lo único que le importa es que escribas algo que le apetezca leer. ¡Y eso es taaaan difícil de controlar…!
No es casual que todos los escritores de éxito que son entrevistados digan que no tienen ni la más remota idea de por qué un libro (su libro) tiene éxito. Todos coinciden en afirmar que lo único que puedes hacer es trabajar a conciencia para crear un producto bien hecho, del que te sientas orgulloso/a y esperar a que guste. No hay más.
Cierto es que cuanta más gente te conozca, más probabilidades hay de que el lector te dé una oportunidad, y para eso, las redes sociales ayudan, salvo que tengas menos alcance que el tirachinas de un niño, como me pasa a mí, en cuyo caso, tu sufrida y reducida audiencia puede acabar huyendo de ti.
Así que me debato entre dedicarle más tiempo y esfuerzos a la promoción o pasar del todo, como acabo haciendo cuando transcurren unas semanas de esfuerzo infructuoso. Porque yo tampoco sé por qué he tenido la suerte de que lectores desconocidos confíen en mí y me lean. Se habrán alineado los astros, no sé, y el día que vagaban por Amazon huérfanos de lectura se toparon con una de mis novelas y saltó la chispa. Y confiaron en mí. Y me leyeron. Me recomendaron. Afirmaron incluso que me volverían a leer. Y yo, que leo esas reseñas en la intimidad de mi hogar, cuando nadie me ve, me emociono cuando alguien que no conozco de nada me da las gracias por haberle hecho pasar un ratito feliz y haberle arrancado una sonrisa. Igual que sufro cuando veo que me valoran con dureza sin siquiera exponer los motivos, *sólo porque sí (sí, lo he tildado a conciencia). Pero bueno, son las piedras de las que está hecho el camino a la meta, y mi meta es seguir escribiendo y poder vivir de esto algún día.
Gracias a quienes me apoyáis, conocidos o no, amigos incondicionales o lectores anónimos. Gracias por elegirme y por seguir ahí. Espero que esta relación bidireccional dure muchos años y me pueda jubilar siendo una escritora viejita de las de bici y pelo cano (ya llevo ese camino) y escritorio añejo. Trabajaré duro para que así sea, para crear historias que inviten a evadirse. Es todo lo que está en mi mano hacer.
Y creo que me voy a tomar con calma las redes sociales y voy a concentrar mis esfuerzos en trabajar la última novela, que esta vez va a ser una historia de ésas de misterio cozy, sin perder esa esencia de historias con encanto y personajes entrañables que tanto me gusta escribir, y confío en que a vosotros leer.
