El autor y su personaje

El autor y su personaje

¿EXISTE IDENTIFICACIÓN ENTRE EL ESCRITOR Y SUS PERSONAJES?

Esta aventura literaria que me he empeñado en emprender me está revelando muchos aspectos de la escritura que desconocía.

En realidad, los desconocía casi todos… Bueno, ya había leído de aquí y de allá algunos consejos para escritores y algunos análisis literarios, pero la cosa cambia, y mucho, cuando te enfrentas en primera persona al proceso de escribir una novela.

Digamos que cuando yo me senté a escribir la mía, tenía la firme determinación de escribir ficción, pero el resultado ha demostrado que es inevitable volcar mucho de una misma en el personaje principal. Quizá esto es sólo porque es la primera novela, y es lógico recurrir a temas conocidos y relacionados con la propia vida. Me imagino que en novelas sucesivas, lo que ocurre es que se ven contagiados por la propia personalidad los personajes secundarios (para no apabullar creando siempre el mismo tipo de protagonista, supongo). Pero eso sólo nos lo pueden aclarar los autores que se encuentren en esa situación.

A ver, en mi caso, yo ya era consciente de que estaba rellenando muchos huecos de la historia con mi propia experiencia y, por supuesto, las reflexiones de Verónica, la protagonista de mi novela, son las mías. Pero las peripecias de su experiencia rural no tienen que ver conmigo, ya quisiera yo que así fuera. Tampoco el resto de personajes, aunque para darles consistencia haya echado mano de personalidades que me he encontrado a lo largo de mi vida.

Y como digo, yo era consciente de los puntos que me unen a mi protagonista, pero no me daba cuenta de hasta qué extremo lo hacían. Me he percatado de esta circunstancia cuando muchos de mis conocidos (¿todos, en realidad?) me han hecho notar que me veían reflejada en el personaje. Lo más sorprendente es que incluso me lo han dicho otras personas que apenas me han tratado. ¿Cómo es eso posible?

Debo decir que me siento aliviada, porque al parecer es un personaje que cae simpático (¡qué alegría!), pero a la vez me ha hecho ver la obra de otros autores desde una nueva perspectiva.

Porque, efectivamente, amigos míos: Es muuuuy difícil separar los pensamientos del protagonista de los propios.

Esto parece un detalle insignificante, pero no lo es. ¿No os dais cuenta del maravilloso mundo que se abre ante nuestros ojos? ¡Podemos conocer de primera mano la personalidad de nuestros autores PREDILECTOS!

Ahora me doy cuenta de muchos detalles que me habían pasado desapercibidos en mis obras favoritas. Ahora sé que, cuando me he sentido identificada con los pensamientos de un protagonista, en realidad estaba conociendo de forma muy cercana a su propio autor.

Bueno, obviamente no hay que tomarse este asunto al pie de la letra. Es evidente que Stephen King no es un psicópata, ni J.K. Rowling una preadolescente que comparta las preocupaciones de Harry Potter. Tampoco creo que Michael Ende se sintiera identificado con Momo. Y como esos ejemplos, muchos más. Pero sí que existen en todas las obras unos pensamientos que actúan como común denominador de los “héroes” de la historia, o del narrador, y que dejan vislumbrar la personalidad real de su creador.

De pronto, me he sentido especialmente cercana a Jane Austen, gracias a su protagonista Elisabeth Bennett, la archiconocida heroína de «Orgullo y prejuicio» (qué obra tan genial), tan llena de matices y profundidad. Además, la sensatez y espíritu crítico de Elisabeth se pueden encontrar en muchas otras de las protagonistas de Austen, luego, es evidente que es la propia voz de su autora la que casi podemos escuchar en ellas. El haber creado unos personajes con tanta enjundia y complejidad nos brinda el privilegio de acercarnos a la escritora.

Reflexionando un poco más sobre el asunto, diría que no ocurre igual en todas las novelas. Es necesaria cierta profundidad en los pensamientos de los personajes. Si todo lo que se nos cuenta es objetivo y desapasionado, sin atender al lado subjetivo de los caracteres, no creo que sea posible conocer mucho del escritor o escritora que están detrás.

Y yendo un paso más allá…

En mi novela no hablo de mi vida. No son mis experiencias las que se recogen allí (bueno, alguna sí aparece en pequeñas dosis), pero sí que reflejo lo que yo haría si me encontrara en esa situación. Y por supuesto, sí que planteo una situación que, a mí, personalmente, me atrae mucho. Así que, una vez más, aunque no literalmente (nunca mejor dicho), sí que soy yo la que aparece en sus páginas: lo que soy, lo que pienso o lo que me gustaría ser. Mi forma de ver el mundo.

Por tanto, deduzco que un escritor se enfrenta al tema de una novela en los siguientes términos: ¿Qué haría yo de encontrarme en una situación así? Y lo soluciona usando sus propios recursos, criterios y creencias, lo que hace inevitable que comparta mucho de su propia esencia.

Me parece un tema fascinante, qué queréis que os diga. Nunca antes me había parado a pensar que una novela es algo así como un diario ficticio de los propios autores. El diario de lo que habría sucedido de verse ellos envueltos en una situación así.

Desde luego, a partir de ahora voy a leer con todos mis sentidos alerta. Voy a tratar de imaginar ese momento tan íntimo en que mis escritores favoritos se han enfrentado al papel y han resuelto la trama valiéndose de sus propias creencias y personalidad. Y si esta revelación resulta fascinante en cualquier caso, cuando imagino a autores ya desaparecidos, me deshago de gusto. ¡Qué privilegio poder saber cómo pensaban todos ellos!

Y aquí estoy, como niña con zapatos nuevos ante este descubrimiento. Pero seguro que vosotros ya lo habíais pensado antes que yo, ¿verdad? Contadme, contadme… ¿Qué opinión tenéis de este tema?

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